octubre 09, 2010

Entrevista


A un hombre de unos 70 años lo está entrevistando un periodista. El entrevistado se expresa del siguiente modo:

—Soy hijo de exiliados. Hasta los 7 años, y poco antes de la transición, no pude volver a España por culpa de
Franco. A mi padre, pobrecito, no sabíamos ni dónde enterrarlo. Mi madre estuvo muchos años en silla de ruedas.

Ahora tengo 70 años. Hace meses me sacaron el 30 % de un pulmón. Mi mujer es inmigrante. Tengo tres hijos con ella. De los tres, sólo trabaja una, la del medio,... pero no cobra nada.


Todos, incluidos los nietos, viven de mi asignación. La mayor se acaba de divorciar. Mi yerno se daba a las drogas y al alcohol y la ha dejado con dos niños.

El pequeño de mis hijos aún no se ha ido de casa y además se ha casado con una divorciada y la ha traído a vivir con nosotros. Esa señora antes trabajaba, tenía muy buen puesto, pero desde que vino a mi casa ya no
hace nada. Ahora tienen dos niñas que también viven bajo nuestro techo.

Y, para colmo, este año, con lo de la crisis, casi no nos hemos podido ir de vacaciones. Y, si me apuras,... ni he podido celebrar que España ha ganado el Mundial.


El periodista pone los ojos muy redondos y comenta:

—Majestad, ¡¡no creo que su situación sea tan mala!!

julio 25, 2010

Cumpleaños digital


Mi hija cumplía quince años y le organizamos la fiesta en un salón para que invitara a todos sus amigos.
Esa noche, a medida que iban llegando, se acomodaban en el lugar asignado y enseguida abrían sus moviles y se ponían a conversar por medio de mensajes de texto, o a jugar con esos aparatitos maravillosos entre mensaje y mensaje.

Era muy tierno verlos concentrados cada uno en la pantalla de sus sobrios y negros aparatos, como especificaba la invitación “elegante sport y moviles negros”.
Qué grandes están todos, pensar que los conozco desde que hablaban entre ellos... Todavía les recuerdo la voz, algunos no me creen que cuando eran chicos hablaban y se miraban a los ojos. Yo no los corregía, claro; “ya van a crecer y van a aprender solos a no hablar”, pensaba.

Cuando llegó el momento del baile, cada uno conectó los auriculares a su movil, eligió la carpeta de canciones que más le gustaba y entró a la pista. Daba la sensación de que todos estaban bailando el mismo tema. La entrada de mi hija fue apoteótica, exultante de emoción. Sus amigos se desesperaban por ser los primeros en hacerle llegar su texto de felicitaciones, moviendo a toda velocidad sus pulgares. Algunos, los más previsores, ya tenían el mensaje preparado y lo único que debían hacer era apretar “ok”. El teléfono de mi hija no paraba de vibrar y como era imposible leerlos todos, guardó algunos para más tarde. Me acerqué a ella y sin darme cuenta le dije:

- Feliz cumpleaños, hijita.

Ella me miró horrorizada y se apartó de mí. Preocupada, fui tras ella y le pregunté si le pasaba algo, si había hecho algo que la incomodara. Tomó el movil y me mandó un mensaje de texto:

- M kres avrgnzar frnte a ms amgs? Hcme fvor, pra q stn ls tlfnos?

No tuve más remedio que abrir el mío y mandarle mis felicitaciones

- prdon, fliz cmplños, hjta. T am. Papa.

Fue el cumpleaños perfecto. Cómo pasa el tiempo, qué viejo estoy, pensar que casi le doy un beso.